

Hace muchos años, me puse a registrar la estantería de CDs de mi hermana con intención de quitarle todos los buenos y llevarles a la mía. Mi hermana da clases de baile, y en algún momento cuando fui construyendo mi identidad musical me fui dando cuenta de que los discos que menos usaba en las clases eran los que a mi me parecían mejores, así que se los quité. Los de Vinicius de Moraes, los de Joao Gilberto, los de Carlos Gardel, los de Rubén Blades y los de Astor Piazzola, entre otros.
A lo mejor por esa carambola del destino me hice fan de Garua a la primera escucha, y a lo mejor eso tiene que ver en que cuando vi a Gorka en directo allá por 2008 en un concierto de Santa Cecilia del Conservatorio de Torrelavega fuese capaz de darme cuenta de que su talento en el acordeón iba mucho más allá del contexto en el que le estaba disfrutando. Esta última década y pico he seguido de manera más cercana sus idas y venidas por medio mundo, sus logros, sus menciones en revistas especializadas, y sobre todo su música. Especialmente desde que coincidimos en Miengo y se montó todo aquello del festival que nos arrebató la pandemia.
Tener a Malandro en el Centro Cívico de Cudón era en realidad una deuda pendiente. Un acto de justicia, y un primer cierre de paréntesis a este tiempo tan raro. La propuesta de Gorka de tocar en casa creció hasta convertirse en un proyecto ambicioso que no pudo ser, pero que desmembrado, semana a semana, ha dado lugar a un movimiento cultural continuo igual, o incluso más interesante.
Javier Mayor de la Iglesia al Contrabajo, Alberto Vaquero a la trompeta y Gorka Hermosa al acordeon. Cuenta Gorka que Duke Ellington decía que sólo existen dos tipos de música, la buena y la que ponen por la radio. Me río porque yo empecé a hacer radio harto de llamar para que me pusiesen mis canciones favoritas y que no me hiciesen caso. Es lógico que no quieran definirse, en un amplio concepto de la palabra se podría decir que hacen Jazz, si entiendes el Jazz como una música libre en la que tienen que caber todas las demás, si es que existe el Jazz para acordeon, trompeta y contrabajo. Arrastran ese toque porteño inherente al acordeon, pero Gorka tiene también escuela vasca y escuela clásica, es el coctel lo que le hace único, pero Alberto sopla con fuerza y de repente tienen la sensibilidad de Chet Baker y me paro a fijarme y encuentro a Javier golpeando percusivamente con un ritmo tumbao. ¿Qué estoy escuchando? Tampoco me importa.
Los primeros aplausos antes de la primera nota ya son largos. El público es consciente de que se vive una mañana histórica, de que tener a Malandro en Miengo es un lujo y es además la realización de un sueño. De que los sueños hay que tenerles, pero también hay que amarles y luego trabajar para conseguirles. Tatiana se emociona de haberlo conseguido y no es la única.
Mucha gente se quedó fuera y sin entrada. A base de programar Miengo se está convirtiendo en un pueblo cada vez más sensible a la cultura, ese es el camino. Malandro deciden regalar el bis a cielo abierto, mueven los bártulos a la plaza, y la fiesta continúa con un vermut en el Kino’s.

Fotos Oskar Sánchez, Omar Sánchez y Antonio Punzón